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15 julio 2011

Daniel, uno de los primeros imbéciles...

Para continuar con alguna sección un poco abandonada, presentamos a continuación, una nueva entrega de Mentiras como puños, que viene muy a cuento en esta época del año... Ahí va:

Tienen nombre oficial: "los primeros imbéciles", y son todos aquellos que hicieron algo que otro copió, y así sucesivamente hasta que se convirtió en algo oficial, una moda, lo que ahora sería un trending topic. Quizá es un poco complicado explicarlo sin un ejemplo, vamos a ver…

Os presento a uno de los primeros imbéciles: Daniel (con el acento en "Da", no en "niel"). Daniel nació en 1928 en Brighton, Inglaterra. No hace falta saber mucho de Daniel, nos interesa que durante la Segunda Guerra Mundial, Daniel defendió su vida, y lo consiguió… Tras ello, Daniel, con su esposa Dorothy viajó por todo el mundo (sus hijos vivían a su bola, "at their ball") y, habiendo sido invitados por un amigo de su infancia, Michael; llegaron hasta la costa mediterránea, Benidorm, donde Michael se había comprado una casa en la playa… Estamos en 1969, hacía dos años que llegaban los primeros vuelos internacionales hacia la zona, comenzaba el boom turístico en Benidorm. Así, Michael se convierte en uno de esos primeros imbéciles que veranearon en Benidorm.

Daniel visitó la zona, y se enamoró de Benidorm y su gente, siempre lo decía: "Me he enamorado de Benidorm y su gente" (con acento anglosajón) (Dorothy odiaba que usase el verbo enamorar con tanta facilidad, ella prefería decir "me he quedado prendada" (con acento anglosajón, pero femenino) (en su opinión, era mucho más elegante y menos directo). El caso es que Daniel y Dorothy se turnaban la casa que compraron "a pachas" ("at pacheision") con Michael y su señora de cuyo nombre no me acuerdo) (es curioso no acordarse de un nombre en una historia inventada). En uno de esos veranos, Daniel vio unas sandalias preciosas, cuero resistente, cómodas y fresquitas, a Daniel le encantaron, y Dorothy se quedó prendada de ellas… Compraron las sandalias, Dorothy prefirió que fuesen "crecederas", para ser fiel a su instinto materno, pensando que a Daniel con sus 47 años, todavía no le había llegado "el estirón". Daniel se probó sus sandalias, no quería discutir con Dorothy, pero sabía que le quedaban grandes. Al llegar a su casa, tenían prisa pues Daniel y Dorothy iban a dar su paseo de las tardes; Dorothy dijo: "¿por qué no estrenas tus sandalias?" (con acento anglosajón, menos femenino, más dictatorial…). A Daniel no le quedó otra, las sandalias eran un número más, y tuvo la idea de su vida: calcetines.

Se hicieron fotos que luego enseñaron, Michael fue el siguiente en usar calcetines con sandalias y, evidentemente, no fue el último…

Como dije, os presento a uno de los primeros imbéciles: Daniel, el primer "imbécil" que usó chanclas y calcetines… Hubo más imbéciles, claro…: el primer imbécil que usó twitter, el primer imbécil que dijo que los pantalones de campana molaban otra vez, el primer imbécil que dijo "rebota, rebota que en tu culo explota"… Y un montón de imbéciles, millones de imbéciles que han cambiado el mundo, pero que no son conocidos; porque… Sí, son imbéciles…

De corazón, a los primeros imbéciles que hicieron algo. Gracias, pedazo de imbéciles...

No me preguntéis cómo ha surgido, ni si existe realmente algún Daniel que me haya inspirado, o si he visto a alguien con sandalias y calcetines... Solo puedo decir que cuando he escrito esto, estaba en mis plenas facultades intelectuales. Gracias.

De vacaciones, contento con los resultados del curso e ilusionado con el otoño-invierno de "Con la excusa de la magia"... Hasta aquí por hoy.

From Alicante (al ladito de Benidorm) with love,

Juan Paños

14 mayo 2011

¿Crisis? ¡Manda colchones!

A continuación, una mezcla entre dos secciones: tonteorías y mentiras como puños. Sobre un tema actual: la crisis. Espero que os guste.

Madrid, abril de 2011. En un impulso por el aprendizaje, dejo de estudiar y enciendo el televisor. Veo el telediario; en la televisión usan el término de “crisis económica mundial”, o “crisis económica global”. A mí me da que pensar...

Imaginemos que existe X dinero en todo el mundo; mal repartido, pero X dinero. Si hablamos de crisis nacional, podemos explicarla diciendo que la globalización y el mercado entre Inglaterra y España, ha hecho que el dinero que antes era español, ahora sea inglés; el típico caso de “dinero Gibraltar” (término económico referido a cosas que antes eran españolas y ahora inglesas). Si la crisis fuese así, Inglaterra se encontraría perfectamente, y España no.

Al hablar de crisis mundial, hablamos de que ningún país se encuentra bien, por lo que me encontré con dos opciones: o que La Tierra ha iniciado comercio extraterrestre, y nuestro dinero lo tienen los marcianos; o que hay dinero que desaparece.

Tras un mes de investigación, he encontrado por qué el dinero desaparece: colchones. De toda la vida, ha existido el topicazo rural de “no me fío de los bancos, y guardo mis ahorros en los colchones”.

A primeros de mayo de 2011, fui a un pueblo de 190 habitantes, El Hito (Cuenca). En las calles se conocía el método anticapitalista, y más de un vecino aseguró tener millones y millones acumulados en el colchón. Otro vecino, con vistas al futuro, tenía guardados varios pares de calzoncillos de esparto. “La moda es cíclica, guardo calzoncillos de esparto en el colchón para venderlos cuando se pongan de moda de nuevo”, aseguraba Santi, propietario de una tienda de ultramarinos.

Hasta ahora solo hemos demostrado cómo el mito es famoso en El Hito (véase el juego de palabras. Me encantan los juegos de palabras, como el Scrabble); pero seguimos sin saber cómo desaparece.

Durante mi estancia en El Hito, un vecino, Hermenegildo, “Herme” para los colegas, falleció. Dejó por lo tanto, según mis cálculos, 189 habitantes en total. Su mujer, Cándida, me explicó cómo, tras quedarse viuda, envió al estercolero el colchón sobre el que Hermenegildo dormía. Más tarde descubrí que era también el colchón en el cual, sin que ella lo supiera, escondía todos sus ahorros, y un calzoncillo de esparto que Santi le dejó para forrarse.

Fui al estercolero del Hito al día siguiente, encontré un colchón lleno de dinero, no había ningún calzoncillo, pero sí una nota que decía: “Herme, entregaré el importe del valioso calzoncillo a Cándida cuando lo venda, como habíamos quedado. Fdo: Santi”.

Por lo tanto, la semana siguiente, el colchón sería destruido para reciclar. Y con él, se quemarían dos millones de pesetas, sin contar todos los millones de todos los habitantes de todos los pueblos. Qué fuerte.

Conclusión: durmamos en sacos de dormir. Los colchones provocan crisis... Crisis mundial.

Sin intenciones de polemizar ni ridiculizar la crisis. Sabéis que intento entretener, y esta vez se me ha ocurrido hacerlo con este tema de actualidad... No ha quedado exactamente como quería, pero es una prueba.
Tras el famoso "Cortomierdaje" de la semana pasada, he hecho una reedición del vídeo de "From lost to the (...)", que dedico a todos aquellos que dijisteis que era lento para tan poca gracia, creo que ahora es un poco más rápido...


Termino por hoy, en pleno mayo con comuniones y alegrías, feliz y activo me despido.

From Madrid, y con una agenda apretada with love,

Juan Paños

28 febrero 2011

Tengo sed. Por culpa de Gadafi.

Estreno sección tras mucho tiempo sin alimentar mi blog. La sección se llama "Mentiras como puños", y habla de historias basadas en hechos totalmente inventados...

Tengo sed. Que sirva de precedente. Podría ir a la cocina y servirme un vaso de agua fresquita, o beber directamente del grifo del lavabo; pero me da pereza y prefiero escribir lo que siento, el cómo empezó todo...
He de avisarte, querido lector, de que el hecho de hablar de sed y agua produce en ti la misma sensación, que sirva de precedente esto también.

Si hay algún culpable de que yo tenga sed, es Gadafi, el líder de Libia que la está liando parda últimamente (como resumen propio de la LOGSE). Todo empieza esta tarde, estaba hablando con la casa de mis tíos, y quería hablar con mi primo pequeño. "Espera un momento, Juan" -ha dicho. Acto seguido, se ha oído cómo el teléfono se reposaba sobre una encimera (probablemente encima de ella, según la palabra). Entonces, he podido escuchar un grifo abierto, y a alguien bebiendo con intensidad. "Ya está,-pausa incómoda- estaba bebiendo agua." En este momento, a mí me entra sed. Suele pasar cuando alguien bebe agua y tú no tienes...

Mi primo me explicó de la forma más racional posible para un niño, la causa de su sed; que relato a continuación.
Al salir de clase, siempre va a una tienda de chuches cerca de su casa. Siempre, Doña Rosario, la propietaria, saluda de forma seca mirándolo mal. Suele sospechar de niños pequeños. "Los carga el demonio", siempre dice. Mi primo dice siempre: "Un combo, Doña Rosario, porfa." (Mi primo no sabe que Doña Rosario odia las palabras apocopadas como finde o porfa...)(Mi primo tampoco sabe que Doña Rosario odia que llame "combo" a la bolsa de chuches mezcladas.)
Hoy se ha roto la rutina. Doña Rosario, muy orgullosa, ha contestado: "No. Hoy no tengo chuches, no me han llegado". Entonces mi primo ha optado por unas patatas fritas, saladas, claro. Las patatas han sido las causantes de la sed de mi primo, y, por el consiguiente de mi sed.
Pero las patatas no son el culpable, el culpable fue Gadafi.

Cuando mi primo ha colgado, inmediatamente he ido a la tienda de chuches de Doña Rosario, para hacer una investigación. Todo esto, sin haber bebido agua. He pedido un "combo", y he dicho "porfa". Ésto no es investigación, sino orgullo propio. No le quedaban. Me ha explicado que no le quedan porque Don Ramón (o Ramón a secas), el transportista que trae las chuches desde Valencia, no ha cumplido su horario, y no ha entregado los "combos" a tiempo.

Como comprenderéis, he ido a Valencia a hablar con Ramón; sin beber nada de nada, claro. Ramón me ha explicado que no ha podido entregar las chuches a tiempo por su camión. Ramón siempre ha apurado en el trayecto. Sus viajes Valencia-Madrid, duraban tres horas y veinte minutos, su velocidad era constante: 120km/h. Hoy, Ramón se ha dado cuenta de que las señales habían cambiado, ahora debía ir a 110km/h, lo que ha retrasado su entrega y ha llegado a la tienda de Doña Rosario cuando ya estaba cerrada.

Sí. Hoy he leído el periódico, y en él ponía que la velocidad en autopistas ha disminuido a 110km/h. La razón: ahorrar petróleo. No ha hecho falta ir a Libia para seguir la investigación; pero yo he seguido sin beber ni una gota de agua. El precio del petróleo ha subido por la inestabilidad política en Libia. Entre nosotros, porque Gadafi la está liando parda, vamos.

Gadafi es el culpable. Y no pretendo quitar tierra al asunto ni reírme de lo que está pasando en Libia, sólo solo pretendo entretener con lo que escribo. Sin ánimo de polémicas (que están de moda. ¿Verdad, Bisbal?).

PD: En el tiempo en que se cargaba el post, he bebido agua. Por fin...

Hasta aquí la anécdota de hoy. Me vais a permitir que me ponga un poco pesado. Pero febrero ha estado cargado de sensaciones que me gustaría redactar.
En primer lugar, el pasado 12/2, mi abuelo fallecía en Madrid. Acababa una vida impresionante, cargada de anécdotas. Nació en Filipinas, y emigró a España de joven. Si clicas AQUÍ, podrás leer su historia (muy resumida) de su paso por Filipinas, de forma autobiográfica. Lo escribió para exponer en una conferencia el pasado mayo en Gran Canaria.
No puedo más que lamentar su pérdida y tomar carrerilla para hacer todo lo que hago un poquito mejor, para que en todo lo que haga, él esté presente.

Como novedades mágicas, he cambiado la web, por fin. Y estoy que no paro, muy feliz por ello y entrando en exámenes...
Nada más por hoy. Gracias, lectores (mención especial a la Familia Muñoz).

From Madrid, con frío de nuevo (y sed) with love,

Juan Paños